Una de las asignaturas que me ha resultado más interesante dentro del grado en Multimedia, en parte por mi formación previa como periodista y en parte por aficiones raras que tiene una, ha sido la de Visualización de la Información. En la actualidad es mucho más fácil aprender a utilizar las herramientas gratuitas para crear infografías disponibles en la red que conocer cómo conceptualizar un discurso visual y realizar visualizaciones coherentes y funcionales. Por eso me gustó que este fuera el enfoque de la asignatura.

La tercera de las prácticas nos solicitaba repensar una infografía interactiva realizada por el prestigioso The Guardian, uno de los medios referentes en esta disciplina. Pero además debíamos crear dos versiones de la misma: una funcional, dirigida a un medio de comunicación generalista, tipo el mismo The Guardian o los más cercanos El País, El Mundo o La Vanguardia; la otra versión, la estética, debía ir dirigida a una publicación divulgativa, como podría ser una revista Muy Interesante o digitales tipo Buzzfeed. En concreto se trataba de crear dos versiones de este infográfico en el que The Guardian explicaba qué países habían hecho donaciones para la crisis humanitaria de Siria (año 2013).

Lo primero que constaté es que quizás el tratamiento de The Guardian, con toda mi admiración y respeto, era demasiado neutro. Se trataba de una crisis humanitaria que cuatro años después sigue abierta, en la que la comunidad internacional ha sido poco activa, por decirlo educadamente. Así que comencé el proceso analizando los datos en los que se basaba la noticia original y buscando qué otras cifras podían ayudar a comprender la situación. En este proceso es habitual que acabes acumulando más datos de los que acabarás utilizando, así que debes ir descartando lo que te resulta útil para conocer el contexto pero no para la visualización, limpiando los datos (este concepto se refiere a operaciones como pasar las comas que separan millares a puntos o a cambiar las columnas de orden).

Cuando ya empezaba a tener los datos y a vislumbrar la historia que quería contar, comencé a conceptualizar la infografía:

  • ¿A qué tipo de audiencia la dirigía?
  • ¿Cuáles eran los objetivos del gráfico? Es decir, ¿qué preguntas sobre el tema podrían interesarle al lector?
  • ¿Qué formatos podían responder mejor a estas preguntas? Para ayudar a escoger formatos, sobre todo cuando se está empezando, recomiendo este gráfico.
  • ¿Qué grado de interactividad iban a tener los usuarios: iban sólo a poder avanzar/retroceder, podrían navegar por los datos, podrían cocrear a partir de los datos?

Con todas estas respuestas, empecé la primera versión del gráfico, el funcional. Hice un pequeño árbol de contenidos para plasmar qué información incluiría y como sería la navegación.

arbre-continguts

Como la cercanía a Siria y las relaciones que se derivan podía ser un factor que podía haber influido en si un país había sido un mayor o menor donante, consideré que el gráfico funcional debía incluir un mapa. Para compensar las dificultades para la comparación del formato mapa, añadía también un gráfico de barras con dos visualizaciones: donaciones totales (efectivas + pendientes) y donaciones en relación al producto interior bruto (efectivas + pendientes). A lo largo de la asignatura hubo cierta discusión sobre si el PIB es un indicador suficientemente completo para medir la riqueza de los países, pero si bien existen indicadores alternativos, no ofrecen datos de todos los países y en este caso tampoco marcaban la diferencia.

El resultado fue un gráfico con un estilo bastante The New York Times, lo admito.

pac3_funcional_final

A medida que el usuario iba haciendo clic en las diferentes pestañas, los datos sobre el mapa se iban modificando. Podía ver qué países tenían un mayor importe de donaciones pendientes,  qué porcentaje de donaciones les faltaba por hacer efectivo, cuál era importe de las donaciones en relación a su PIB o el importe de las donaciones pendientes en relación al PIB.

La segunda versión del gráfico resultó especialmente complicada. Cuando ya has pensado qué te interesa comunicar y cómo, lo más fácil es hacer alguna pequeña adaptación gráfica a la infografía (cambiarle colores, tipografías, mover los elementos) y presentarla como una nueva versión. Es lo que hicieron la mayoría de mis compañeros de asignatura. Pero quería hacer realmente una versión diferente para una audiencia diferente.

Como se trataba de dirigir la infografía a un medio más divulgativo pensé en renunciar a algunos datos para centrarme en lo más relevante y hacer un gráfico más emocional, que fuera más al estómago que al cerebro, por decirlo de alguna forma. Busqué un símil que me ayudara a comunicar la esencia y que permitiera a los usuarios “jugar” con unos datos que escondían un drama terrible. Podían, con sus clics, ir haciendo que las ayudas para Siria dejaran de mostrarse como un “debe” y aparecieran como un “haber”.

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